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Preguntas abiertas y cerradas: diferencias y ejemplos

¿Campo de texto o lista de opciones? La forma de la pregunta decide menos que su redacción. Te enseñamos cuándo encaja cada una y qué aporta de verdad la pregunta semiabierta.

Autora en empirio.ai - Maria Malzewpor Maria MalzewActualizado el 27 de agosto de 2026Tiempo de lectura 10 min

Dos cuestionarios preguntan por la misma cafetería de la facultad. Uno plantea «¿Qué grado de satisfacción tienes con la comida?» y ofrece cinco niveles, el otro plantea «¿Qué te viene a la cabeza cuando piensas en la comida de la facultad?» y deja debajo un campo vacío. Ambos miden cosas muy distintas, aunque hablen del mismo menú.

Las preguntas abiertas dejan que la persona encuestada responda con libertad, las cerradas ofrecen las opciones de antemano. La diferencia está solo en el formato de respuesta: las dos formas exigen el mismo trabajo mental para entender el enunciado y recordar, y se separan únicamente en el último paso, cuando la respuesta toma forma. Al terminar esta guía sabrás qué forma encaja con tu pregunta de investigación y cómo combinar las dos.


📌 Lo esencial de un vistazo

  • Las preguntas cerradas ofrecen las respuestas, las abiertas dejan un campo de texto.
  • Las GESIS Survey Guidelines distinguen tres formatos de respuesta, no dos.
  • La pregunta semiabierta une la lista de opciones con un campo para lo demás.
  • La forma de pregunta decide solo el último de cuatro pasos mentales.
  • Los Cuadernos Metodológicos del CIS sitúan la precodificación antes del campo.

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¿En qué se diferencian las preguntas abiertas y cerradas?

Las preguntas abiertas y cerradas se diferencian en un único punto: en una pregunta cerrada la lista de respuestas ya viene en el cuestionario, mientras que en una abierta la persona encuestada formula la respuesta ella misma. Todo lo demás, del análisis a la capacidad explicativa, se deriva de esa sola decisión.

Las preguntas cerradas producen datos cuantitativos, es decir, cifras que se cuentan y se comparan. Las abiertas producen datos cualitativos, texto que hay que ordenar antes de poder analizarlo. Más que una cuestión de esfuerzo, ahí se juega el objetivo del estudio: quien quiere saber cuántos necesita categorías, y quien quiere saber por qué necesita las palabras de quienes responden.

Forma de preguntaQuién define la respuestaQué datos produce
Pregunta cerradaquien diseña el cuestionariocifras directamente analizables
Pregunta abiertala persona encuestadatexto que hay que codificar
Pregunta semiabiertaambas partes, con un campo finalcifras más un resto por codificar

Las dos formas aparecen en cualquier encuesta, tanto presencial como en línea, y el formato de respuesta se comporta igual en los dos casos. Los subtipos que se derivan de ellas, de la matriz a la escala de valoración, están reunidos en el panorama de tipos de preguntas de un cuestionario.

¿Qué es una pregunta cerrada?

Una pregunta cerrada ofrece de antemano las opciones de respuesta, y la persona encuestada elige una o varias de ellas. El cuestionario fija así qué respuestas resultan posibles, y justo ahí residen a la vez la fuerza y el límite de esta forma.

Dentro de la división habitual en dos formas se pierde además una distinción que en la práctica cambia bastante. Timo Lenzner y Natalja Menold (2015) separan en las GESIS Survey Guidelines sobre formulación de preguntas, publicadas en alemán, no dos formatos de respuesta sino tres: preguntas abiertas, preguntas cerradas con escala de valoración y preguntas cerradas sin escala. Para las dos formas cerradas rigen reglas distintas.

Preguntas cerradas con escala de valoración

En una escala de valoración las categorías están graduadas a lo largo de una dimensión, por ejemplo de «muy importante» a «nada importante». La persona encuestada se sitúa en esa gradación. Para esta forma valen reglas propias sobre el número de puntos, sobre el etiquetado y sobre la categoría central, y el orden de los puntos queda fijo, porque el propio orden transporta significado.

Preguntas cerradas sin escala de valoración

Las preguntas cerradas sin escala presentan una lista sin gradación interna, por ejemplo titulaciones o partidos políticos. La persona encuestada elige exactamente una opción, como en las preguntas de respuesta única, o varias a la vez, como en las preguntas de opción múltiple. Al faltar un orden natural, la posición en la lista influye en la elección, y un orden aleatorio por persona compensa ese efecto.

Tres enunciados sencillos muestran el abanico de esta forma en un cuestionario cualquiera.

  • ¿Cuál es tu ciudad favorita de Europa? Madrid, Barcelona, París, Roma
  • ¿Has estado alguna vez en Roma? Sí o no
  • ¿Cómo valoras tus últimas vacaciones? De muy bien a muy mal
Vista de la persona encuestada en una encuesta de empirio.ai con las opciones de respuesta propuestas

Cómo se construyen unas categorías exhaustivas y sin solapamientos, y cuántos puntos admite una escala, está desarrollado en el artículo sobre preguntas cerradas.

¿Qué es una pregunta abierta?

Una pregunta abierta no ofrece ninguna opción de respuesta, solo el enunciado y un campo vacío. La persona encuestada contesta con sus propias palabras, y precisamente esas palabras son el resultado que ninguna lista de opciones podría entregar.

Muchas preguntas abiertas empiezan por una palabra interrogativa, es decir, por qué, cómo, cuál, para qué o con qué. Aun así, la palabra interrogativa por sí sola no basta. Decisivo es si la pregunta se puede contestar con un sí o un no: «¿Conoces los motivos por los que París gusta tanto?» invita a un sí escueto, mientras que «¿Qué motivos hablan a favor de París?» no lo permite.

Cuatro ejemplos bastan para ver cómo cambia el tono en cuanto desaparece la lista de opciones.

  • ¿Por qué es París tu ciudad favorita?
  • ¿Qué no te gusta de Barcelona?
  • ¿Qué otras ciudades has visitado?
  • ¿Qué quieres contarnos antes de terminar?
Vista de la persona encuestada en una encuesta de empirio.ai con un campo de texto vacío

Las preguntas abiertas compensan sobre todo cuando aún no conoces las respuestas posibles, es decir, en un planteamiento exploratorio. Cómo codificar después esas respuestas y llegar igualmente a cifras lo explica el artículo sobre preguntas abiertas.

Preguntas semiabiertas: la forma mixta

Una pregunta semiabierta ofrece una lista de opciones y le añade un campo de texto libre, casi siempre bajo la etiqueta «Otros, indica cuál». Con ella obtienes categorías contables y no pierdes lo que se te escapó al construir la lista.

En la literatura metodológica la misma forma aparece con varios nombres, porque semiabierta y semicerrada designan exactamente lo mismo. Lenzner y Menold (2015) recomiendan la categoría «otros» para todos los casos en que las respuestas posibles no se dejan enumerar por completo, y en las preguntas de contenido eso es más la regla que la excepción.

El motivo se entiende mirando lo que ocurre sin esa categoría. Si falta una respuesta evidente, la pregunta se queda sin contestar o se marca algo al azar. El primer caso resulta molesto, el segundo resulta peligroso, porque una respuesta arbitraria parece un resultado en el análisis y no un fallo.

Cuándo compensa la forma mixta

La forma mixta tiene sentido siempre que conozcas bien el terreno, aunque no del todo. En una pregunta por el medio de transporte utilizado cubres casi todo con seis categorías, pero no el patinete eléctrico ni la autocaravana. Compensa igualmente al final de un cuestionario, donde una única pregunta abierta por lo que falte suele dar las indicaciones más aprovechables.

Qué debes tener en cuenta al analizarla

El campo de texto va justo al lado de la categoría y no en una pregunta aparte, porque de lo contrario pasa desapercibido. En la tradición metodológica española, los Cuadernos Metodológicos del CIS tratan además la precodificación como un paso propio del diseño: cada categoría recibe su código numérico antes del trabajo de campo, con códigos reservados para «no sabe» y «no contesta».

Las entradas acumuladas bajo «otros» no son casualidad, sino el hallazgo de que tu lista era corta. Conviene por eso revisarlas antes de dar el análisis por cerrado y comprobar si varias de ellas forman juntas una categoría nueva que merezca contarse aparte.

💡 Consejo

Lee las respuestas de la categoría «otros» ya después de las primeras treinta participaciones. Si tres personas escriben lo mismo, puedes incorporar esa categoría a la lista mientras la encuesta sigue en marcha.

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La redacción decide más que la forma de pregunta

La calidad de tus datos depende menos de la forma de pregunta que de su redacción, y hay un motivo concreto para ello. De los cuatro pasos mentales que recorre una persona encuestada, la forma de pregunta afecta únicamente al último.

Lenzner y Menold (2015) describen ese proceso de respuesta según Tourangeau en cuatro tareas: entender la pregunta, recordar la información pertinente, formarse un juicio y expresar ese juicio en el formato previsto. Preguntar en abierto o en cerrado influye solo en la cuarta etapa. Las tres primeras dependen exclusivamente del enunciado, y ahí nacen los errores que después ya no tienen arreglo.

Qué debe cumplir cualquier pregunta, sea abierta o cerrada

Seis exigencias valen por igual para las dos formas y también para las opciones de respuesta. Repasarlas cuesta unos minutos antes del envío y ahorra semanas de disgustos, porque ninguna de ellas se puede aplicar cuando los datos ya están recogidos. Leer el cuestionario en voz alta suele bastar para detectar los fallos más gruesos.

  • Un solo asunto por pregunta, sin estímulos dobles.
  • Ningún extranjerismo, tecnicismo ni abreviatura en el enunciado.
  • Ninguna palabra imprecisa como «a menudo» o «hace poco».
  • Ninguna doble negación y, a ser posible, ninguna negación.
  • Ninguna pregunta sugerente, con las dos alternativas formuladas.
  • Frases activas y cortas en lugar de pasivas y nominalizaciones.

Un ejemplo de cómo se tuerce una pregunta

Un enunciado de la misma fuente muestra lo rápido que ocurre. La afirmación «El Estado debe garantizar un buen nivel de vida también en caso de enfermedad, necesidad, desempleo y vejez» contiene cuatro asuntos a la vez. Quien apoya tres de ellos y rechaza el cuarto no puede contestar, y quien contesta igualmente produce una cifra que después nadie sabe atribuir.

⚠️ Atención

Las preguntas sugerentes y las dobles negaciones son los dos fallos que más pasan desapercibidos en una revisión rápida. Ambos producen datos inservibles, no respuestas, y ninguna lista de opciones los corrige después.

Una pregunta mal redactada no la salva ninguna lista de respuestas del mundo.

¿Cuándo conviene cada forma de pregunta?

La forma de pregunta que elijas depende del tipo de afirmación que quieras hacer al final. Para porcentajes, comparaciones y gráficos el camino pasa por las preguntas cerradas; para motivos, formulaciones propias y aspectos nuevos hacen falta las abiertas.

Para la encuesta estandarizada habitual se ha impuesto un reparto bastante claro: sobre todo preguntas cerradas para los contenidos medibles y unas pocas abiertas en los puntos donde te interesa el porqué. Esa mezcla mantiene el trabajo de análisis dentro de lo razonable sin renunciar a las explicaciones de quienes responden.

Tu objetivoForma de preguntaMotivo
Informar porcentajes y comparacionescerradacontable sin trabajo posterior
Entender el motivo de una respuestaabierta, como repreguntala lista no conoce el motivo
Explorar un terreno desconocidoabiertaaún no se pueden formar categorías
Preguntar por una lista casi completasemiabiertarecoge los casos olvidados
Reunir muchas participaciones en poco tiempocerradael menor esfuerzo para quien responde
Recoger frases citablesabiertasolo las palabras propias se pueden citar

Cómo encaja todo esto en la estructura completa del cuestionario, del orden de los bloques a la longitud, lo explica nuestra guía para crear un cuestionario.

Conclusión

La elección entre preguntas abiertas y cerradas no es cuestión de gusto, sino una anticipación del análisis: lo que fijas delante como categoría lo puedes contar después, y lo que dejas abierto tendrás que ordenarlo más tarde. Aun así, ninguna de las dos formas decide por sí sola la calidad de tus datos. Eso lo hace la redacción, y ahí el trabajo es idéntico en ambas.

Para seguir por el camino que te interese, estos cuatro artículos continúan cada uno en una dirección distinta.

Las reglas completas sobre formulación de preguntas están en las GESIS Survey Guidelines de Lenzner y Menold (2015), en alemán, y la tradición española de diseño y precodificación de cuestionarios está recogida en los Cuadernos Metodológicos del CIS.


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Preguntas frecuentes

La diferencia está en el formato de respuesta. Las preguntas cerradas ofrecen de antemano las opciones entre las que elige la persona encuestada, mientras que las abiertas presentan solo el enunciado y un campo vacío. De ahí se deriva el resto: las cerradas dan categorías contables y las abiertas dan texto que hay que ordenar antes de analizarlo.

Una pregunta cerrada ofrece opciones de respuesta fijadas de antemano, entre las que la persona encuestada elige una o varias. Las GESIS Survey Guidelines distinguen dentro de esta forma dos variantes: las preguntas cerradas con escala de valoración, cuyas categorías siguen una gradación, y las preguntas cerradas sin escala, que presentan una simple lista sin orden interno.

Las preguntas cerradas típicas son las de sí o no, las listas de opciones y las escalas de valoración. Como ejemplos sirven «¿Has estado alguna vez en Roma?» con sí y no, «¿Cuál es tu ciudad favorita de Europa?» con Madrid, Barcelona, París y Roma, o «¿Cómo valoras tus últimas vacaciones?» con una escala de muy bien a muy mal.

Las preguntas semiabiertas unen una lista de opciones con un campo de texto libre, casi siempre bajo la etiqueta «Otros, indica cuál». Semicerrada designa la misma forma. Lenzner y Menold (2015) recomiendan esa categoría para todos los casos en que las respuestas posibles no se pueden enumerar por completo, de modo que nadie marque algo al azar.

Las preguntas abiertas compensan cuando aún no conoces las respuestas posibles, es decir, en un planteamiento exploratorio. Sirven además como repregunta después de una cerrada, para conocer el motivo de una respuesta, y al final del cuestionario, donde una única pregunta abierta suele dar las indicaciones más aprovechables de todo el estudio.

Ninguna de las dos formas es mejor en términos absolutos, porque responden a preguntas distintas. Las cerradas son la elección correcta cuando quieres informar de porcentajes y comparaciones; las abiertas, cuando necesitas motivos y formulaciones propias. Sobre la calidad de los datos pesa de todos modos más la redacción que la forma elegida.

Una mezcla contrastada emplea sobre todo preguntas cerradas para los contenidos medibles y añade unas pocas abiertas allí donde interesa el porqué. Además, cualquier lista de opciones se puede construir en forma semiabierta añadiendo una categoría «otros» con campo de texto, de manera que el análisis siga siendo rápido.

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