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Preguntas abiertas: definición, ejemplos y ventajas

Las preguntas abiertas dan las respuestas más interesantes y también el trabajo más pesado. Te enseñamos a formularlas para que vuelva algo aprovechable y a codificar el texto libre.

Autora en empirio.ai - Maria Malzewpor Maria MalzewActualizado el 27 de agosto de 2026Tiempo de lectura 11 min

Dos cuestionarios, la misma pregunta. Uno ofrece cinco niveles de respuesta, el otro la plantea como pregunta abierta con un campo de texto vacío debajo. Lo que acaba en los datos se diferencia mucho más de lo que casi nadie espera.

Las preguntas abiertas son preguntas de un cuestionario o una entrevista que no ofrecen ninguna categoría de respuesta: la persona encuestada formula su respuesta con sus propias palabras y la escribe en un campo libre o se la dice a quien entrevista, sin que ninguna lista le marque una dirección. Te mostramos cuándo compensa ese esfuerzo y cómo obtener aun así datos analizables.


📌 Lo esencial de un vistazo

  • Una pregunta abierta no ofrece ninguna categoría de respuesta.
  • Preguntas abiertas y cerradas producen contenidos distintos.
  • En un estudio de Pew, el 43 por ciento respondió fuera de la lista.
  • Un campo de texto mayor alarga las respuestas.
  • El análisis exige un esquema de categorías, no solo leer.

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¿Qué son las preguntas abiertas?

Una pregunta abierta es una pregunta de encuesta a la que no se asocia ninguna opción de respuesta. La persona encuestada responde con sus propias palabras, en voz alta ante quien entrevista o por escrito en un campo de texto libre.

Según las GESIS Survey Guidelines de Cornelia Züll (2015), es justamente esa ausencia de opciones lo que define la forma: no existe ninguna orientación mediante categorías prefijadas. Lo detallada que resulte la respuesta depende entonces de cómo se formule la pregunta y de cómo se diseñe el campo de respuesta.

Una pregunta abierta no recoge solo texto. «¿Cuántas horas trabajas a la semana además de estudiar?» también es abierta, porque no ofrece intervalos. En el uso cotidiano, sin embargo, el término suele referirse a la variante de texto, que es la que da trabajo.

Forma de preguntaQué viene dadoEjemplo
Pregunta abiertanada, solo un campo libre¿Qué echaste en falta en la sesión?
Pregunta cerradatodas las categorías¿La sesión fue demasiado larga? Sí o no
Pregunta semiabiertacategorías más un campo libreOtros, indica cuál: ______

La pregunta semiabierta es el compromiso más habitual en el día a día, porque conserva la rapidez del análisis y deja pasar respuestas imprevistas. Las tres formas y sus subtipos están en nuestro panorama de tipos de preguntas de un cuestionario. Si lo que necesitas es decidir entre las dos formas principales, la comparación directa de preguntas abiertas y cerradas es mejor punto de partida.

Pregunta abierta en una encuesta online: las personas encuestadas ven un campo de texto vacío sin opciones de respuesta

Preguntas abiertas: ejemplos para cuestionario y entrevista

Los buenos ejemplos de preguntas abiertas empiezan casi siempre por una palabra interrogativa y aun así dejan claro adónde quieren llegar. «Qué», «cómo» y «cuál» producen respuestas aprovechables, mientras que «por qué» exige una justificación que no todo el mundo tiene a mano.

Los ejemplos siguientes proceden de tres situaciones típicas. Al leerlos, fíjate en que cada pregunta trata un solo tema y en que se intuye la extensión esperada.

En el cuestionario de un TFG o un TFM

  • ¿Qué te llevó a elegir esta carrera?
  • ¿Qué apoyo te habría gustado tener en el primer curso?
  • ¿Qué asocias con el término sostenibilidad?

En una encuesta de valoración tras un evento

  • ¿Qué fue lo que más te gustó del taller?
  • ¿Qué deberíamos hacer distinto la próxima vez?
  • ¿Qué tema echaste en falta?

En una entrevista cualitativa

  • Cuéntame cómo transcurre un día de trabajo típico.
  • ¿Cómo llegaste entonces a esa decisión?

Las herramientas de encuesta llaman a esta forma de maneras distintas. Unas veces aparece en el menú como Respuesta corta y Párrafo; otras, como texto libre, campo de comentarios o entrada de texto. Para el orden de las preguntas, consulta nuestra guía para crear un cuestionario.

Cuándo tiene sentido una pregunta abierta

Una pregunta abierta compensa siempre que aún no conozcas las respuestas posibles o que no quieras imponerlas. Las GESIS Survey Guidelines enumeran cinco situaciones en las que superan a las preguntas cerradas.

La decisión debería salir de la pregunta de investigación, no de una preferencia personal ni del trabajo de análisis que vendrá después. Züll (2015) advierte expresamente de ello, y la advertencia es justa: en la práctica, la pregunta abierta suele caerse porque a nadie le apetece codificar.

  1. Medir conocimiento. Quien puede adivinar, adivina. Sin opciones bajan los aciertos por azar y suben los «no lo sé».
  2. Acotar un tema. Cuando no se sabe qué respuestas existen, así se averigua.
  3. Demasiadas respuestas posibles. La ocupación es el ejemplo clásico: cientos de denominaciones no caben en una lista.
  4. No inducir. Una lista de opciones refleja las ideas de quien investiga, no las de quien responde.
  5. Repreguntar en el pretest. ¿Por qué se eligió ese punto de la escala? Solo lo dice una repregunta abierta.

El manual Cuestionarios de María José Azofra Márquez, publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas en su colección Cuadernos Metodológicos, trata precisamente estos tipos de pregunta y sus problemas a partir de décadas de encuestas del CIS. Está disponible en descarga gratuita.

Se añade un motivo que nada tiene que ver con la información: la motivación. Un campo libre entre muchas casillas da a quien responde la sensación de ser escuchado. Por eso tantos cuestionarios terminan con una última pregunta abierta. Y son especialmente útiles en la fase previa de un estudio exploratorio, cuando nadie sabe aún qué categorías van a surgir.

Ventajas e inconvenientes de las preguntas abiertas

La mayor ventaja de las preguntas abiertas es la amplitud de contenidos que recogen, el mayor inconveniente es el coste del análisis. Ambas cosas van juntas: lo que ganas en variedad tienes que volver a ordenarlo después en categorías.

Lo grande que llega a ser esa diferencia lo muestra un experimento del Pew Research Center tras las elecciones estadounidenses de 2008. La misma pregunta sobre el motivo de voto más importante se planteó una vez abierta y otra con cinco opciones dadas. En la versión cerrada, el 58 por ciento nombró la economía; en la abierta, solo el 35 por ciento. Y el 43 por ciento de quienes respondieron a la versión abierta mencionó algo que no figuraba en la lista.

Lo que aportan las preguntas abiertas

  • Recogen respuestas en las que nadie había pensado antes.
  • Evitan el sesgo de las categorías prefijadas.
  • Permiten a quien responde usar sus propias palabras.
  • Sirven para preguntas de conocimiento, porque adivinar cuesta más.

Lo que aceptas a cambio

  • El análisis exige un esquema de categorías propio.
  • Las respuestas varían en extensión y a veces resultan confusas.
  • Más personas se saltan la pregunta por completo.
  • El tiempo de respuesta sube y con él el abandono.

Hay una objeción muy extendida que, sin embargo, no se sostiene. Se lee a menudo que las preguntas abiertas favorecen a quien se expresa bien. Los estudios apuntan a lo contrario: en principio casi todas las personas encuestadas son capaces de responder a una pregunta abierta (Geer 1988). Más que la soltura, pesa el interés por el tema. Para el otro lado de la balanza, consulta nuestro artículo sobre las preguntas cerradas, rápidas de analizar y más pobres en contenido.

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Cómo formular bien una pregunta abierta

Una pregunta abierta debe formularse con más precisión que una cerrada, no con menos. Suena contradictorio, pero se deduce directamente de la situación: sin opciones de respuesta, quien responde no tiene ninguna pista sobre adónde apunta la pregunta.

Schuman y Presser plantearon los mismos temas en ambas formas y de ahí dedujeron en 1981 la recomendación de que las preguntas abiertas deben estar más claramente enfocadas que las cerradas. Las GESIS Survey Guidelines recogen ese hallazgo. De ahí salen cuatro reglas prácticas.

Un solo tema por pregunta abierta, o la respuesta queda a medias

Una pregunta que interroga a la vez sobre lo positivo y lo negativo recibe casi siempre media respuesta. Züll (2015) recomienda por eso partirla: una pregunta sobre lo que funcionó bien y otra sobre lo que falló. El cuestionario se alarga, los datos se completan.

Indica en la pregunta la extensión esperada

¿Una palabra clave, una frase o un párrafo corto? Quien responde no puede adivinarlo, y las respuestas varían en consecuencia. Un añadido breve como «en una o dos frases» no cuesta nada y facilita mucho la codificación posterior.

El tamaño del campo de texto gobierna la extensión de la respuesta

Este es el truco que casi nadie usa: en encuestas autoadministradas, el detalle de las respuestas está ligado de forma medible al tamaño del campo. Dillman, Smyth y Christian (2009) documentan esa relación, y Züll, Menold y Körber la confirmaron en 2014 para encuestas web. Un campo grande señala que aquí se espera más.

💡 Consejo

Dimensiona el campo según la respuesta que quieres e indica además la extensión esperada dentro de la pregunta. Las dos cosas juntas funcionan mejor que cualquier ruego de respuesta detallada.

Usar las preguntas abiertas con moderación

Unas pocas preguntas abiertas bien colocadas rinden más que muchas que nadie rellena. Dillman, Smyth y Christian (2009) recomiendan expresamente un uso moderado para no sobrecargar a quien responde. Explicar para qué servirán las respuestas añade motivación.

Cómo analizar preguntas abiertas: del texto al número

Una pregunta abierta se analiza codificando las respuestas según un esquema de categorías definido de antemano y tratando después esos códigos como cualquier otra variable. El procedimiento se llama análisis de contenido cuantitativo y sigue siendo la vía clásica para el texto libre.

El paso decisivo es el esquema de categorías. Se construye en dos direcciones: desde la teoría, es decir, desde lo que ya se sabe del tema, y desde los propios datos, leyendo una muestra de respuestas para deducir más categorías. En la práctica casi siempre se combinan ambas vías.

  1. Construir el esquema. Cada categoría recibe un número, una definición y un ejemplo ancla, una respuesta que la ilustra especialmente bien.
  2. Codificar una muestra de prueba. Pruébalo primero en una parte pequeña y revisa luego el esquema.
  3. Codificar todas las respuestas. Sirve una hoja de cálculo, SPSS o un programa como MAXQDA.
  4. Comprobar la fiabilidad. Una segunda persona codifica por separado una parte, en torno al 10 por ciento.

El cuarto paso tiene medidas establecidas. La kappa de Cohen, la pi de Scott y el alfa de Krippendorff indican cuánto coinciden dos codificaciones independientes. Declarar una de ellas en un TFG o un TFM distingue tu análisis del de la mayoría.

⚠️ Atención

Sin un esquema de categorías documentado, el análisis no es reproducible y resulta fácil de atacar en la defensa. Pon el esquema en el anexo, con definición y ejemplo ancla por categoría.

Con volúmenes muy grandes, la codificación se puede automatizar en parte, mediante listas de palabras o mediante métodos que aprenden de respuestas ya codificadas. Las categorías las sigues definiendo tú, y el resultado hay que contrastarlo por muestreo con una codificación humana. Para situarlo todo, mira la comparación entre encuesta cualitativa y cuantitativa.

Errores frecuentes con las preguntas abiertas

La mayoría de los problemas con las preguntas abiertas nacen antes del análisis, al construir el cuestionario. Cuatro errores aparecen con especial frecuencia.

Los cuatro tienen algo en común: solo se ven cuando los datos ya están recogidos. A esas alturas no queda nada por corregir, y justo por eso merece la pena la revisión antes del envío.

Demasiadas preguntas abiertas en un mismo cuestionario

Cada pregunta abierta cuesta a quien responde más tiempo que una casilla, y a ti varias veces eso en análisis. Si pones diez seguidas, las últimas vuelven vacías. Las GESIS Survey Guidelines recomiendan por eso un uso moderado, y en la práctica conviene repartir las preguntas abiertas por el cuestionario en lugar de agruparlas.

Una pregunta abierta que mezcla dos temas

«¿Qué funcionó bien y qué no?» parece eficiente, pero suele dar respuesta a una sola mitad, porque quien responde se detiene tras la primera idea. Una pregunta así se convierte en dos. El cuestionario se alarga y el análisis pasa a ser posible.

Leer el campo libre final como un termómetro de clima

El campo abierto del final no da un resultado representativo, sino una autoselección. Los estudios sobre encuestas de clima laboral muestran que las personas insatisfechas rellenan esos campos con más frecuencia y más extensión que las satisfechas (Borg y Züll 2012). Contar los comentarios mide por tanto la insatisfacción, no el clima. Los comentarios siguen siendo valiosos, pero como indicio de temas, no como distribución.

Pensar en el análisis solo después del trabajo de campo

La pregunta de cómo se analizarán después las respuestas va antes del campo. Planteársela de antemano lleva automáticamente a una formulación más nítida y a un espacio de respuesta bien acotado. Planteársela después deja 300 respuestas en 300 formulaciones distintas y un esquema hecho a contrarreloj.

Conclusión

Una pregunta abierta no es señal de dejadez, es la opción correcta cuando aún no conoces las respuestas o no quieres imponerlas. Lo decisivo es que la decisión venga de la pregunta de investigación y no del miedo a codificar. Quien piensa el análisis desde el principio puede permitirse preguntas abiertas.

Cómo seguir

La guía metodológica completa sobre preguntas abiertas está en las GESIS Survey Guidelines de Cornelia Züll (2015), en alemán.


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Preguntas frecuentes

Las preguntas abiertas son preguntas de encuesta sin opciones de respuesta asociadas. La persona encuestada responde con sus propias palabras, casi siempre en un campo de texto libre. Ejemplos típicos son «¿Qué echaste en falta en la sesión?» o «¿Cuántas horas trabajas a la semana?». Su contrario es la pregunta cerrada.

Un ejemplo clásico de pregunta abierta es «¿Qué te llevó a elegir esta carrera?». Otros ejemplos son «¿Qué deberíamos hacer distinto la próxima vez?» y «¿Qué tema echaste en falta?». Una pregunta abierta empieza casi siempre por una palabra interrogativa y no ofrece ninguna categoría de respuesta.

La ventaja de las preguntas abiertas es la amplitud de contenidos: recogen respuestas imprevistas y evitan el sesgo de las categorías prefijadas. El inconveniente es el coste. Las respuestas hay que categorizarlas después, varían mucho en extensión y más personas encuestadas se saltan la pregunta por completo.

Una pregunta abierta tiene sentido cuando aún no se conocen las respuestas posibles, cuando la lista sería demasiado larga, como en la ocupación, o cuando no se quiere inducir a quien responde. Las GESIS Survey Guidelines añaden las preguntas de conocimiento y las repreguntas en el pretest. La decisión sigue a la pregunta de investigación.

Las preguntas abiertas se analizan mediante análisis de contenido cuantitativo. Primero se construye un esquema de categorías con definición y ejemplo ancla por categoría, luego se codifican las respuestas y finalmente una segunda persona codifica por separado una parte. La kappa de Cohen o el alfa de Krippendorff miden la fiabilidad.

Una pregunta abierta no ofrece opciones de respuesta; una cerrada fija todas las categorías. La diferencia no es solo formal: el Pew Research Center planteó la misma pregunta en ambas formas en 2008, y el 43 por ciento de quienes recibieron la versión abierta mencionó una respuesta que no aparecía en la lista cerrada.

Las preguntas semiabiertas combinan ambas formas: a una lista de categorías le sigue un campo de texto libre, normalmente con la etiqueta «Otros, indica cuál». La pregunta semiabierta es el compromiso más habitual, porque conserva la rapidez de análisis de las cerradas y deja pasar respuestas imprevistas.

No existe un límite fijo. Las GESIS Survey Guidelines sí recomiendan expresamente un uso moderado de las preguntas abiertas para no sobrecargar a quien responde. En la práctica funciona mejor repartirlas por el cuestionario que agruparlas, porque de lo contrario los últimos campos suelen volver vacíos.

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